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Europa quiere depender menos del gas ruso

Publicado en 24 julio, 2013

Uno de los principales ejes de la política energética de la Unión Europea pasa por reducir su elevada dependencia del gas natural procedente de Rusia. Y es que 150.000 millones de los 500.000 millones de metros cúbicos que la UE demanda cada año provienen de Rusia. Por si fuera poco, el gas de los mercados asiáticos pasa obligatoriamente por los gasoductos rusos.

Uno de los motivos para reducir la dependencia rusa y ampliar la diversidad de fuentes es el interrogante que su suministro ofrece en términos de fiabilidad, como ocurrió en los años 2006 y 2009, cuando el gobierno ruso lo interrumpió de golpe por su disputa con Ucrania.

El objetivo es crear nuevos corredores para transportar gas a territorio europeo, aparte de los actuales de Rusia, Noruega y el norte de África. La prioridad es construir nuevos gasoductos para conectar Europa directamente con Asia Central y unir el continente con Oriente Medio.

El proyecto Nabucco, el más ambicioso hasta la fecha para traer gas procedente de los países del Mar Caspio rumbo a Europa, nació hace ya más de una década. Se trataba de una de las mayores infraestructuras energéticas del planeta y consistía en un gasoducto que uniera de forma directa Austria y los yacimientos de gas en Asia Central (Azerbaiyán, Turkmenistán, Kazajstán, Uzbekistán, Irán, Irak y Egipto), recorriendo 3.300 kilómetros y pudiendo transportar 31.000 millones de metros cúbicos de gas anuales.

Era el gran sueño energético europeo, que se haría realidad entre los años 2017 y 2019. Pero actualmente Nabucco está en declive, en un panorama de lucha entre países y compañías energéticas que ha creado una competencia muy alta, y se pone en duda su viabilidad. Turquía y Azerbaiyán asestaron un duro golpe tras decidir que construirían el Transanatolian (Tanap), su propio gasoducto para conectar el Caspio con el sureste europeo.

El resultado es que Nabucco ha recortado su trazado original hasta solo 1.300 kilómetros, conectando Austria y Turquía a través de Bulgaria, Rumanía y Hungría, e incluso ha sufrido cambios en su accionariado. La capacidad se reduciría a solo 10.000 millones de metros cúbicos de gas al año, lo que supone 15 veces menos que el gas que se importa de Rusia y un pobre 2% de la demanda europea. Esta modificación llevó a un cambio de nombre, Nabucco West.

Además, otros proyectos completan la dura competencia hacia Nabucco. Es el caso del corredor Nord Stream (Rusia-Alemania a través del Mar Báltico) y el South Stream (Mar Negro-Bulgaria y más adelante Italia y Rusia).

Pero el mayor tropiezo de Nabucco llegó en junio de este año, cuando el contrato de suministro de 10.000 millones de metros cúbicos al año a partir de 2019 se fue a manos de otro competidor, prácticamente un recién llegado más eficiente, el gasoducto Transadriático (TAP), acabando así con la gran esperanza (casi la única) para relanzar el proyecto.

Este golpe a Nabucco puede ser definitivo y los expertos empiezan a recomendar a Europa que se olvide del Caspio y se centre en el Mar Negro.

Fuente: Expansión

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