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Energías renovables: 40 años después del “Soft Energy Path” de Amory B. Lovins

Las últimas cuatro décadas han sido claves para las energías renovables, y uno de los predecesores del despertar intelectual del sector fue Amory B. Lovins. Cuando era todavía bastante joven, en septiembre de 1976, Lovins escribió un ensayo titulado “Energy Strategy: The Road not Taken?” publicado en la revista Foreign Affairs y que, traducido al español, significa “Energía Estratégica: El camino no tomado”.

Su teoría, que era bastante innovadora para la época, proponía un camino radicalmente diferente para el futuro de la energía en su país, Estados Unidos, y dejaba clara la visión única de futuro que Amory B. Lovins tenía. El ensayo hablaba de dejar de lado la dependencia de los combustibles fósiles y nucleares. En pocas palabras, hacer algo que nadie estaba dispuesto a hacer todavía. Lovins, al publicar este libro, fue en contra de todos los ‘expertos’ en energía que auguraban el desarrollo de la energía tal y como se conocía hasta el momento. El visionario que hoy recordamos, proponía, ya en la década de los setenta, una senda basada en la eficiencia y las energías renovables.

Las dos opciones de energías renovables de Amory Lovins

En el artículo del que hablamos, Amory Lovins describía las dos opciones energéticas que enfrentaba la nación en aquel momento, haciendo una metáfora con dos caminos. El “camino duro” era el Hard Energy Path y el otro era el “camino suave” o Soft Energy Path.

El primer sendero era una extrapolación de lo que ya venían viendo hasta el momento con la política federal existente, la ruta basada en la expansión rápida de las tecnologías enfocadas al suministro de energía en forma de electricidad.  El segundo camino combinaba un compromiso con el uso eficiente de la energía (tema que tocamos con frecuencia en nuestro blog) y el rápido desarrollo de fuentes de energía renovable.

Amory Lovins decía que la calidad era necesaria, pero también la escalabilidad de la energía, de forma que ésta pudiera cubrir los usos finales. Obviamente, el “camino suave” se apartaba de las prácticas del pasado y proponía todo un cambio de paradigma que justo ahora estamos empezando a observar.

Además, sostenía que ambos caminos presentaban dificultades, pero que los verdaderos problemas de uno y otro eran bastante distintos, ya que en el primero, los problemas para el país podrían ser insuperables, y en el “camino suave”, en cambio, el giro de dirección traía muchas ventajas sociales, geopolíticas y económicas. Por si fuera poco, eliminaba para siempre el desarrollo de la energía nuclear.

Dos caminos mutuamente excluyentes

Para Lovins era necesario tomar una decisión sobre el camino a elegir, porque de lo contrario, la proliferación nuclear cerraba todos los caminos posibles. Ante estas declaraciones, el sector energético estadounidense se encargó de reducir la presencia de Lovins, diciendo que si hacían caso a sus propuestas, la nación tendría que vivir una serie de apagones de luz continuos. Todo esto no intimidó a Lovins, quien fundó un instituto sin ánimo de lucro en Colorado con el objetivo de transformar el uso de la energía y crear un futuro más limpio.

Hoy en día el Rocky Mountain Innovation Center, situado en Basalt (CO), tiene también oficinas en Nueva York y Washington y su fundación fue sólo el inicio de un largo camino de éxito. Poco a poco, a través de sus 600 publicaciones sobre energías renovables y sus 31 libros publicados, Lovins ha conseguido ser muy respetado y, de hecho, ha ganado el Nobel alternativo o Right Livelihood, entre otros grandes reconocimientos.

Te recomendamos la lectura de su último libro Soft Energy Paths: Lessons of the first 40 years (caminos de energía suave: lecciones de los primeros cuarenta años), donde hace un repaso de su trayectoria y explica que los caminos siguen siendo como al principio: mutuamente excluyentes.

Citamos a Lovins en uno de los pasajes de su libro más reciente, para cerrar con sus palabras este homenaje que hoy le dedicamos:  “lentamente, pero cogiendo velocidad, los mercados han comenzado a triunfar sobre los medios políticos de los operadores tradicionales que persisten en su deseo natural de proteger el viejo sistema de energía y no posibilitar el nuevo. Sin embargo, el reto de acelerar ese cambio se mantiene, mientras que los imperativos del clima, la salud pública, la seguridad, el desarrollo y la democracia refuerzan la urgencia del cambio”.

 
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